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Lore: Historia de los Sin’dorei parte 1

Historia de los Sin'dorei
 

¡Saludos, Comunidad! 

Después de decidirme qué raza, os entrego a los Elfos de Sangre ¡los Sin’dorei! Espero que, conociendo un poco de su historia, también os de pinceladas a vuestros personajes de cómo rolearlos. Aun así, os esperan varios artículos de esta raza. Dado que es muy extenso todo lo que queremos contar, lo dividiremos en varias partes para hacer más cómoda su lectura. ¡Espero que os guste! 

Redacción y Edición: Dsaille e Idril
Supervisión y Corrección: Natea, Cemotucu e Idril

Anar’alah belore, selama ashal’anore – Por la luz del Sol Eterno, justicia para nuestra gente”

 

I. El Exilio de los Altonato

Sindorei Blood ElfHace diez mil años en el pasado, cuando el mundo era joven y un solo e inmenso continente, un vasto imperio se erigió en torno a un inmenso lago que sería conocido como el Pozo de la Eternidad. Liderados por la Reina Azshara, los Altonato; una casta superior de la civilización kaldorei de entonces, desentrañaron los poderes del Pozo de la Eternidad y se transformaron en grandes taumaturgos de su época. Sin embargo, cuando su reina lo ordenó, no dudaron en abrir un inmenso portal en las aguas del Pozo para traer demonios al mundo e iniciar la Guerra de los Ancestros.

La guerra civil sacudió a la civilización kaldorei, al mismo tiempo que la invasión demoníaca de la Legión Ardiente tenía lugar en el mundo. Aun así, un grupo de Altonatos, tras percatarse de los males que su reina había desatado en el mundo, se ocuparon de aliarse a los kaldorei y combatir en contra de su otrora líder, hasta el fin del conflicto cuando el Pozo de la Eternidad implosionó y un gran cataclismo cambio la faz de Azeroth para siempre…

La paz siguió a la tormenta y los Altonato continuaron conviviendo junto a los kaldorei. No obstante, la Guerra de los Ancestros había sido la muestra de cómo el uso imprudente de la Magia Arcana podía desencadenar grandes males en el mundo y por ello, su uso acabo siendo prohibido. Pese a ello, los Altonato intentaron demostrar el error en que incurrían sus hermanos y desataron una tormenta mágica en los bosques de Vallefresno, sellando así su destino. Aun así, de manera misericordiosa, los Elfos de la Noche tan solo exiliaron a los Altonato, argumentando que no estaban dispuestos a ejecutar a más de sus hermanos. De dicha forma, los Quel’dorei se embarcaron hacia el oeste, con el deseo de encontrar un sitio al que llamar hogar y en el que poder emplear su conocimiento y poder, sin las restrictivas normas, ni miedos de sus antiguos congéneres.

 

II. Fundación de Quel’thalas

Sindorei Blood ElfLiderados por Dath’remar Caminante del Sol, los Quel’dorei navegaron por las aguas del nuevo mundo por varios años, buscando lugares con un inconmensurable poder mágico proveniente de las Líneas Ley sobre el cual construir su nuevo hogar. Finalmente, los elfos arribaron a las costas de los Claros de Tirisfal, en lo que en un futuro muy lejano seria conocido como Lordaeron. Sin embargo, su asentamiento en dichas tierras no fue perpetuo; muchos altos elfos comenzaron a volverse locos y pronto se hizo evidente la necesidad de abandonar aquella tierra, donde, según rumores, albergaba algo maligno en sus entrañas.

Consciente del peligro, Dath’remar marchó junto a su pueblo en dirección al norte, internándose entre los bosques y montañas, descubriendo que gracias a la ausencia del Pozo de la Eternidad, eran vulnerables a los elementos y enfermedades, así como a la humanidad en su estado más primitivo y a los trols del bosque; quienes acabaron siendo sus mayores enemigos durante milenios.

Finalmente, los elfos hallaron una tierra en el norte que cumplía sus necesidades, asentándose en ella y fundando el Reino de Quel’thalas, con el anhelo de explorar y emplear la magia a su antojo, como también el de crear un imperio tan basto y poderoso que llegaría a opacar el que lograron levantar los kaldorei en Kalimdor. De la misma forma, Dath’remar, utilizando un vial que poseía las aguas del Pozo de la Eternidad, vertió su contenido sobre un lago en una isla al norte de Quel’thalas, la cual sería conocida como la Isla de Quel’danas y dicho manantial, como la Fuente del Sol. Por último, habiendo moldeando el entorno a su alrededor, los elfos alteraron su imagen de la misma manera, reduciendo su tamaño, esclareciendo su piel y cabello, así como también realzando algunos rasgos inherentes de su raza.

Desgraciadamente, los entonces renombrados Altos Elfos, descubrieron que su patria había sido levantada sobre una antigua ciudad sagrada de los trols, quienes de manera inmediata comenzaron a lanzar una serie de escaramuzas contra los elfos. Aun así, aunque sobrepasados en número por el Imperio Amani, los elfos combatieron la amenaza por lo que ellos consideraban su hogar y empleando sus conocimientos arcanos, lograron mantener a raya a sus enemigos. Pese a ello, conscientes de los peligros de la magia y su relación con los demonios, los elfos crearon diversas Piedras Rúnicas en varios puntos alrededor de Quel’thalas, estas daban apoyo al a la barrera mágica en torno al Alto Reino, escondiéndolo de los ojos de los demonios.

Ese domo de energía, era conocido por los elfos como Ban’dinoriel; que significa: El Guardián de la Puerta. Una barrera defensiva de un poder inconmensurable que hacía palidecer por comparación a las piedras rúnicas, que alimentaba el campo exterior de atenuación; un campo que solo permitía utilizar la magia élfica.  Afortunadamente, dichas piedras monolíticas también funcionaron para ahuyentar a los trols, gracias a sus supersticiones.
Con sus fronteras seguras y una tierra a la que llamar hogar, los Altos Elfos construyeron hermosas e inmensas estructuras capaces de acariciar el propio cielo, erigiendo la Ciudad de Lunargenta; su capital. Mientras que el bosque a su alrededor permanecía en absoluta primavera gracias a un encantamiento impuesto en él. El Reino de Quel’thalas finalmente era la patria deseada por los Altos Elfos, liderados por la Dinastía Caminante del Sol y la Convocación de Lunargenta: un consejo de siete grandes señores élficos quienes habían jurado velar por los intereses y la seguridad de su pueblo, en conjunto con su rey.

Por casi cuatro mil años, los Altos Elfos de Quel’thalas vivieron en paz, recluidos dentro de sus fronteras, ajenos e inconscientes de las miradas de odio y el deseo vengativo de los trols del bosque, quienes observaban desde las fronteras lo que otrora fuera uno de sus territorios sagrados, preparándose para la guerra en lo más profundo del bosque circundante, aumentando sus números hasta que el día de la retribución llegara finalmente…

 

III. Las Guerras Trols

Cuando ni las supersticiones que rodeaban a las piedras rúnicas que los elfos habían colocado en torno a sus fronteras, podían asustar a los trols del Imperio Amani, estos atacaron. De forma inmediata, los trols del bosque sometieron al Reino de Quel’thalas a un incesante asedio el cual duro varios años y con cada uno que pasaba, los elfos se acercaban más y más a una inminente derrota. Desesperados, los Altos Elfos recurrieron a las tribus humanas del sur, reunidos bajo el liderazgo del Rey Thoradin y formado el Imperio de Arathor.

Como los elfos, la humanidad también compartía una enemistad con los trols del bosque. Sin embargo, jamás se habían involucrado en una guerra con ellos, hasta que los embajadores élficos provenientes enviados por el Rey Anasterian Sunstrider, se presentaron a su ciudad capital: Strom. Solo entonces Thoradin vislumbró la precaria situación de los Altos Elfos y el inminente peligro que correría su pueblo, si Quel’thalas llegaba a caer. Finalmente, los humanos accedieron a prestar ayuda militar a los elfos, mientras que estos se ofrecieron a enseñar a un total de cien humanos, los conocimientos y caminos de la Magia Arcana.

Con el apoyo de sus nuevos aliados, las fuerzas combinadas del Imperio de Arathor y el Reino de Quel’thalas se lanzaron en una contraofensiva ante los trols del Imperio Amani a los pies de las Montañas de Alterac, desencadenando una batalla que duró días. Hasta que, finalmente, los señores élficos decidieron que los nuevos taumaturgos humanos estaban preparados y fueron enviados a la batalla, conjunto a un grupo de magos élficos, los cuales haciendo uso de sus poderes desataron un infierno sobre los trols, previniendo, por medio del fuego, que los trols lograran regenerarse de sus heridas.

Sindorei Blood Elf

Ante una clara desventaja, los ejércitos trol intentaron huir, pero Thoradin y sus hombres salieron en su persecución y acabaron con cada uno de ellos, diezmando sus fuerzas por completo.

Con la victoria asegurada y Quel’thalas segura de cualquier amenaza, los elfos, en señal de agradecimiento, realizaron un juramento de lealtad hacia los Arathor, prometiendo prestarles su ayuda en cualquier momento de necesidad, tal y como ellos hicieron con su pueblo.

Aunque desde entonces la relaciones humano-élficas perdurarían y mejorarían notoriamente, pasarían miles de años antes de que el juramento hubiera de cumplirse.

 

IV. La Segunda Guerra

Sindorei Blood ElfCuando la Horda Orca comenzó su invasión en el Reino de Lordaeron y supuso una amenaza para el norte de los Reinos del Este, después de su aplastante victoria sobre el Reino de Ventormenta, el llamado de Lord Anduin Lothar convocando una nueva alianza entre humanos y elfos, a raíz del juramento honorífico realizado tras la victoria en las Guerras Trols por parte de la Dinastía Caminante del Sol hacia la línea de sangre de los Arathi, llego a Quel’thalas. Sin embargo, la Convocación de Lunargenta junto a su Rey, consideraron que la Horda suponía más una excusa para cumplir la deuda honorífica que una verdadera amenaza y motivo de ello, tan solo aportaron una pequeña fuerza simbólica de su ejército, liderado por la Capitán-Forestal Alleria Brisaveloz, a la Alianza de Lordaeron.

La participación de Quel’thalas durante la invasión de la Horda en territorio humano, específicamente, se había caracterizado por ser la menos entusiasta de entre todos sus miembros. No obstante, todo cambió cuando la Horda reclutó a los trols del bosque, quienes pese a todos los años que habían pasado, seguían profesando un absoluto odio hacia los elfos y aprovecharían dicha ocasión para, nuevamente, intentar eliminarlos de una vez por todas y reclamar su antiguo territorio. Sin que nadie se lo esperara, la Horda marcho hacia las frontera de Quel’thalas y la redujo a ceniza, antes de que la Capitana-Forestal Brisaveloz pudiese regresar a su hogar junto al Ejército de la Alianza de Lordaeron, para poder ayudar en la defensa de Lunargenta y expulsar a la Horda de sus dominios.

Con la guerra habiendo llegado finalmente a su patria, el Rey Anasterian destinó todo su apoyo militar en los esfuerzos bélicos contra la Horda, hasta que se alcanzara la victoria. No obstante, una vez la Horda fue derrotada y la guerra llego a su fin, Anasterian consideró que la deuda había sido cumplida y que su pueblo no necesitaba de los humanos o la Alianza, como ella del suyo.

Las relaciones entre ambos pueblos fueron enfriándose y no mejoraron cuando los orcos comenzaron a ser destinados a campos de internamiento, en vez de ser ejecutados como sugirió el Rey Anasterian y otros líderes de la Alianza. Sumado a esto, se culpó a la Alianza de que los bosques fronterizos de Quel’thalas fueran quemados por la Horda, gracias al pobre liderazgo humano; recibiendo como respuesta por parte del Rey Terenas, que nada de Quel’thalas habría permanecido en pie si no fuera por las vidas de los soldados humanos que marcharon a su tierra para protegerla de la Horda. Por último, el Rey Anasterian retiró el apoyo de Quel’thalas de la Alianza de Lordaeron, aunque, pese a ello, varios Altos Elfos siguieron teniendo relación con los humanos y la Alianza: tales como Alleria Brisaveloz, quien lideró una fuerza forestal en el ejército expedicionario de la Alianza que cruzó el Portal Oscuro hacia Draenor. Así como también la presencia élfica en la ciudad magocrática de Dalaran, la cual permaneció leal a la Alianza por medio del Kirin Tor.

Desgraciadamente, las consecuencias políticas del periodo que siguió a la victoria de la Alianza de Lordaeron sobre la Horda no tardarían en vislumbrarse…

 

V. La Caída de Quel’thalas

Sindorei Blood ElfPor catorce años, el Reino de Quel’thalas permaneció ajeno a los intentos de restaurar las relaciones diplomáticas con los humanos, así como cualquier problema que pudiera estar afectando al reino vecino de Lordaeron. Y durante dichos años, los Altos Elfos fueron recuperándose lentamente de lo ocurrido durante la Segunda Guerra.

Por desgracia, su reclusión tuvo consecuencias: una extraña plaga asolaba las tierras del norte de Lordaeron, hasta que, finalmente, logro hacerlo caer. No obstante, el caos producido por ella no se detuvo allí: un enorme ejército de muertos vivientes, liderados por el príncipe heredero al trono de Lordaeron, Arthas Menethil, apareció ante las puertas del Alto Reino y no dudó en abrirse paso a través de los bosques élficos, arrasando aldeas y reviviendo los cuerpos de sus víctimas, para servirles en muerte. La Guardabosques-General de entonces, Sylvanas Brisaveloz, trató de enfrentar al Caballero de la Muerte o al menos, retrasarlo en su marcha hacia la Fuente del Sol, mientras intentaba enviar mensajeros a la Ciudad de Lunargenta y así alertar a su nación de la presencia enemiga y de una posible traición dentro de sus propias filas, en vista del rápido avance de Arthas y sus fuerzas en cada puerta. Desgraciadamente para ella, todo esfuerzo fue inútil, pues Arthas logro prevenir la llegada de sus mensajeros en todo momento, acabando con sus vidas, tal y como hizo con la de ella, una vez se encontraron frente a frente en el campo de batalla, antes de reanimarla como una banshee a su servicio.

La Ciudad de Lunargenta fue tomada por sorpresa y sus defensas no tardaron en ser aniquiladas, cobrando la vida del Rey Anasterian y seis de los siete miembros de la Convocación de Lunargenta, poco antes de proceder hasta la Isla de Quel’danas, donde héroes como Thalorien Buscalba, el último portador de la espada Quel’delar, formaron la última línea de defensa antes de que Arthas alcanzara la Fuente del Sol y la utilizara para revivir al nigromante, Kel’thuzad, corrompiendo sus aguas para siempre.

Con Quel’thalas en ruinas, los sobrevivientes huyeron desesperadamente hacia la Isla Caminante del Sol, teniendo que incluso quemar parte del Bosque Canción Eterna con tal de hacer creer al enemigo que los elfos habían sido erradicados tanto como su amado hogar.

Quel’thalas había caído…

 
 

Escrito por Idril

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