La primera entrega apareció en 1996 y causó furor entre los Gamers de la época.
Con el inicio de la segunda mitad de la década de los 90, los aficionados a los videojuegos vivimos una era dorada. No es que anteriormente, especialmente en los 80, no se hubiesen alcanzado grandes cotas de creatividad. Pero el año 1996 iba a marcar un antes y un después en este ecosistema.
Pongámonos en antecedentes. En septiembre de 1995 había llegado la PlayStation a España y se convirtió en una auténtica revolución, que se consolidaría al año siguiente. Mientras, en los PC, cada vez disfrutábamos de títulos más interesantes y atractivos; la jugabilidad de estos productos aumentaba y eran más complejos y elaborados.
Un contexto único
Sé que, viendo las imágenes de algunos de ellos, resultará difícil de creer, ya que los usuarios actuales están acostumbrados a unos estándares muy elevados. Pero hay que tener en cuenta que los recursos de entonces no eran los de ahora. En aquellos tiempos no existía la IA que, hoy, está tras parte de la programación de videojuegos o de la creación de otros productos como los juegos de casino gratis.
Para los que vivimos aquella época, ver que los “malos” de Quake (de 1996) eran tan sumamente inteligentes fue toda una sorpresa. Veníamos de disfrutar de Doom, que ya nos parecía impresionante; y este lanzamiento, con su estética terrorífica, acabó de conquistarnos. También Duke Nukem 3D había resultado un precedente lleno de acción para los que amábamos los “Shooters”.
La acción y la aventura alcanzaban otro nivel. Primero con Resident Evil, que continuaba aportando elementos de horror y una atmósfera única, que te sumergía en una verdadera pesadilla. Poco después, la icónica Lara Croft llegaba a nuestras vidas a través de Tomb Rider y los juegos de plataformas ya nunca fueron iguales.

Al mismo tiempo, las consolas lanzaban productos que han dejado huella, generación tras generación. Crash Bandicoot iniciaba una saga que disputaba el liderazgo a los históricos protagonistas japonenses, como Mario o Sonic. Y la franquicia Pokémon ponía su maquinaria en marcha, con las versiones roja y azul para Game Boy.
Diablo, la gran novedad
Y, entonces, llegó Diablo. Parece mentira, pero a finales del año próximo habrán pasado ya 30 años. Cierto es que el RPG de Blizzard acabó alcanzando la fama en 1997, pero no es demasiado pronto para celebrar esta efeméride, dado el impacto que tuvo en el mundo de los videojuegos.
En el mundo de los videojuegos, con una saga que llega hasta 2023 con Diablo IV (más recientemente, su expansión “Vessel of Hatred”), y por supuesto en la memoria de los aficionados al Gaming, con un compendio de emociones, horas de diversión, aventuras, fantasía y muchos comentarios con otros apasionados a este juego.
Menudo acierto de Blizzard, ya que te absorbía desde la primera partida, con una dinámica que, aunque completa, dejaba que el jugador pudiese dar sus pasos primerizos sin una excesiva complejidad. Y, todo ello, en un entorno gráfico conseguido y una gran libertad de movimientos. La gran batalla entre la luz y la oscuridad, en la que podías tomar partido.
Subías niveles del laberinto, enfrentándote con las armas de las que disponías, físicas y mágicas, a hordas de seres malignos. Y, si podías crear un equipo multijugador, la excitación aumentaba exponencialmente. Tal fue su éxito que, en 2001, las ventas ya habían superado las 2,5 millones de copias.
Los que lo disfrutamos en PC, adquirirnos una especial destreza con los comandos; aunque, claro, con los equipos de aquella época, no todo nos salía como queríamos. Pero daba igual. Ya fuese una partida rápida, o una tarde frente a los malvados enemigos, era una auténtica gozada. Bien es cierto que, en aquellos años, la producción de juegos no dejaba de evolucionar y aparecían nuevos títulos de gran interés.
Así, la PlayStation fue adquiriendo cada vez más relevancia y permitía jugar con más comodidad (además de dejar el PC libre para otros menesteres). También las primeras navegaciones por internet disputaban el tiempo de ocio. Pero la experiencia con el juego Diablo quedó para la historia. Y dentro de un año habrán pasado, ya, tres décadas. Eso sí, el recuerdo sigue muy vivo.


